jueves, 6 de marzo de 2014

Stella Maris Leone Geraci, Festival Internacional de Poesía Grito de Mujer

Ella y Yo
Yo andaba en el paraíso, sin problemas, desnuda e inmortal, hasta que llegó Ella, Eva y comió la  manzana prohibida, entonces fui expulsada del paraíso, así conocí la mortalidad, en eso de estar en la tierra, pase por varias Ella, fui Judith para salvar a mi pueblo me puse mis  mejores vestidos, me perfume y le corté la cabeza a Holofernes, por un tiempo, fui respetada, pero alguien consideró que debía ser pura, sin pecado concebida y me convertí en María, para ese mismo tiempo fui Magdalena la prostituta y de ahí en más me volví tantas Ella como fueron necesarias, fui Cleopatra me bañe en leche y tuve varios amantes, fui Juana de Arco y me quemaron en la hoguera, fui Reina de Inglaterra, cortesana, perdí la cabeza en la guillotina, a veces fui buena, a veces fui mala.
Fui tantas Ella, que ya no recuerdo quien soy Yo, se que a veces soy una gran científica, una actriz a la que le piden autógrafos, una presidenta, una primer ministro con el poder de decidir sobre muchos, fui desaparecida para silenciar mi vos, una mujer común que sale todos los días a trabajar; por culpa de Ella ahora nacemos con el pecado original y debemos ser salvadas, de algo que no se, si es bueno o es malo, nos enseñaron que debemos ser sumisas, cuidar de nuestro hogar y nuestros hijos; como siempre digo, hoy Yo soy una mujer libre, que pasa de ser la diosa, la reina, la abuela, la madre,  la hija, la bruja, la trepadora, la prostituta, no importa cuantos calificativos tenga, según quien me nombre así seré llamada por el resto de la mortalidad.
Solo importa que algunas Ella, son asesinadas, secuestradas, maltratadas y hoy no tenemos una Santa Inquisición que nos juzgue y queme por bruja, hoy el dedo inquisidor de la sociedad todavía se levanta y dice que Yo soy....., lo que nunca entendieron que Ella y Yo somos una, sin el pecado no hubiéramos existido nosotras; puedo ser buena, puedo ser mala, pero siempre soy Ella.

Stella Maris Leone Geraci, Argentina


Maria Fernanda Macimiani, Festival Internacional de Poesía Grito de Mujer

Princesa sin corona
Cierro los ojos
y la veo tejiendo
cuentos de barcos
y piratas viejos.
Caricias de abuela
arruguitas de sol
dulce acuarela
en mi corazón.
No olvido los mates
de miel y cedrón
las historias tristes
las novelas de amor.
Fueron sus brazos
mis abrazos
prisioneros de ternura
de nietos sin llanto.
Sus ojos de almendras
regalaron paciencia
calma y recuerdos
de vivida experiencia.
Entre ceibos rojos
y coloridas camelias
sólo la imaginan
una dulce abuela.
Pero fue princesa
de una historia
que no es cuento
de una historia
con lágrimas
pasión y tormentos.
Sus manos bellas
sus cabellos viento
su figura frágil
su sonrisa un sol.
Doncella perfumada
soñadora enamorada
de naranjas su aroma
girasoles su mirada.
Jovencito arremangado
laborioso, despeinado
de semillas sus manos
de tierra su pasado.
Alejándose los padres
de la princesa dejaron
la joven al cuidado
de sus tíos en el campo.
Ausencia y malos tratos
marcaron la vida
de la jovencita
que no entendía
el fuego de esos ojos
quemaba y dolía
solo buscaban
la herencia maldita.
Pero el amor destruye
los látigos sangrientos
el dolor de la gente
los prejuicios negros.
La princesa fue raptada
por su príncipe amado
con promesas de otra vida
dulce sueño sin palacio.
Ella dejó atrás
lágrimas y tristezas
ella dejó atrás
puntillas y tormentas.
Y amó a ese príncipe
pobre y valiente
que le dio un hogar
un nido, un presente.
La princesa no sólo tejió
mantas de suave lana
ella tejió una vida
de amores y nostalgias.
Y así vivieron felices
hasta el fin de sus tiempos
abrazando recuerdos
hijos, nietos.
Sin corona
fue Princesa
sin palacio
tuvo un reino
este es el final
de una historia
que no es cuento.

Maria Fernanda Macimiani, Argentina


Venus Ixchel Mejía

Diosas
Emulando a Ezra Pound
Como diosas
emergen de la sombra
desmantelando
la realidad
ajenas al olvido
diosas
fuertes como gemidos
absolutas
irreales
con sus cuerpos de cisne
como diosas
sirenas de marineros
circes de cerdos
de odiseos
con sus cuerpos de morsa
en celo
diosas
como ecos de narcisos
en un prisma enmudecido
se revelan ante
nuestros ojos
cómplices de la derrota
diosas
de azafrán y tomillo
de copal y candela
fogón encendido
arena
de reló de trigo
diosas
Ixchel de lunas
de canciones de cuna
mar en pleno
naufragio
presagio
de una herida mortal
dichosas
mientras levantan con sus cuerpos
los altares de las deidades
que las han oprimido
diosas
clítoris temerarios de la razón
de la sinrazón
del dolor
parto perenne
sus vidas
multiplicadas
ocultas en el anonimato
del engaño
sus frentes altas
como diosas
nos están mirando
nos siguen iluminando
el porvenir.
Venus Ixchel Mejía, Honduras


Ana María Oddo, Festival Internacional de Poesía Grito de Mujer 2014

Frida
 “Esperar, con la angustia guardada,
la columna rota y la inmensa mirada.
Sin andar, en el vasto sendero,
moviendo mi vida cercada de acero”.
Frida Kahlo, La columna rota
¿Cómo fue que tu ojo
se sobrepuso a la negrura
y alumbró
el trayecto de la herida?
Todos los hombres confluyen en uno
pero es mujer quien amamanta
las bocas ansiosas de la vida.
Fue de tu leche que nacieron
todos los niños postergados
dulce pan de los dioses hambrientos.
Fue de tu leche que naciste,
preservada de todo mal,
y diste a luz tu repertorio de Fridas
cada una con su ojo
alumbrando dolor.
Ana María Oddo, Argentina


Rosalba Pacheco, Festival Internacional de Poesía Grito de Mujer 2014

Rutina de violencia
Te arreglas la camisa, te miras al espejo, no dejas detalle librado al azar. Llegas al trabajo, saludas a tu jefe, sonríes a tus compañeros, te gusta ser el centro de atención,  puro carisma. Comienzas la conversación, no escuchas, no sabes estar en ese lugar…
En la casa quedaron tus hijos y su madre, todavía aturdidos, mareados, con una opresión insoportable dentro del pecho…
Lo mismo de siempre, o no, no importa, solo es la excusa, cualquier motivo sirvió para encender la mecha, para desvirtuarlo todo, para dar paso a la humillación y la calumnia…
Sostuviste tu opinión como verdad, no permitiste emitir otras, dijiste que nada saben, gritaste cuando pretendieron que los escucharas. Te pusiste colorado, hinchada la vena, ¡maldijiste! ¡Maldijiste! Tu impotencia te llevó a destruir objetos, golpear cosas, también seres…
Eres débil, lo sabías en ese momento, lo sabes, te aterra pensar que lo descubran. Vives disfrazando tus complejos, tu inferioridad consciente.
Aprendiste a no sentir, a no mostrarte, a ocultar tus flaquezas, te convertiste en un rehén de tu propia miseria.
…Y volverás a casa y sostendrás la farsa una y otra vez, te aterra perder el control, que no te obedezcan.
Y todo volverá a suceder, la rueda seguirá girando, ¡No te bajarás, no te animarás!
No puedes salirte, te pierdes el mundo, se lo haces perder a ellos.
No sabes perder, ignoras que solo se sale del círculo perdiendo, que es la forma de recomenzar.
No te das la oportunidad, no se la das a ellos. ¡No te bajarás, no te animarás!
Te pierdes la vida, se pierden la vida…
                                                             Rosalba Pacheco, Argentina



Priscila Peralta, Festival Internacional de Poesía Grito de Mujer 2014

A diferencia de venus, yo tengo la luna
Hoy, mis pies recibieron una cálida invitación para salir a caminar por las calles céntricas de un querido lugar (que cuando quiero puede ser la ciudad misma). Mi ser buscaba una aventura, para recorrer las ferias que se instalan en las calles de alto tráfico verbal o para tambalearse por las veredas mojadas de una taza de café. Quise yo, disponer mi cuerpo para una ocasión así de memorable e irrumpir con voraz sutileza cada poro de mi piel con perfumes y aromas místicos, pero entonces, el viaje hubiera acabado pronto. Así que mi cuerpo y yo nos hemos citado hoy para disfrutar de un frágil momento, frágil por la crueldad del ojo vigía que impide nuestra fiesta nocturna en medio día, frágil porque mis pies deben huir para no tropezar con las torpezas de quien no entiende de versos inhalados, de palabras susurradas entre parpadeos de encubridoras bocas (de mi boca anhelante y de mi boca amante), frágil porque estas citas deben terminar aun antes de que empiecen; más es la fragilidad de las circunstancias la que nos extiende una bella soledad para hacer nuestro este instante.
Mis ojos tiemblan entre imágenes ajenas a lo que es correcto vivir, mis manos se aferran al aire de un vaivén lujurioso y reprochable, mis uñas se conmueven en la ausencia de signos rojos y divertidos lunares que recuerdan haber tejido y cruzado, cuando el viento soplaba en todas direcciones y aceleraba el temblor y las palpitaciones.
Mi boca se abre y rechina, como gran portón por donde entra y sale un ladrón a sus anchas, pronuncia acciones imposibles y húmedas que trascienden con prontitud pues las distracciones ajenas al amor propio invaden con pasos y prisas.
Estos brazos, mis brazos, se fortalecen ante la insistencia de estos fútiles pensamientos, de este placer terco e imaginario que me ha atrapado entre pasamanos y sábanas, entre juegos y duchas largas, en las que mi propia piel ha sido la fruta que he devorado con dulzura y voracidad.
Por hoy la cita se ha consumado. Mi cuerpo y yo estamos inquietos, acelerados… Mis pies se han posado en la fría realidad y ahora, Venus llora conmigo al ver que la Tierra no es más que un lugar donde te dejas mojar por las aguas pero te hundes cuando estas se van.

Priscila Peralta, Ecuador